Bartleby, el escribiente, de H. Melville

 

Reseña

Las silenciosas negativas de Bartleby desafían la autoridad de su empleador y sugieren una forma de resistencia, pero también profundizan su aislamiento en un trabajo alienante y la soledad de la vida urbana. Bartleby se presenta como un contrapunto a las ideas optimistas contemporáneas de autosuficiencia. La independencia desconectada de la comunidad y de sentido puede convertirse en un aislamiento profundo.

Contexto

Histórico

Cuando Herman Melville publicó Bartleby, el escribiente en 1853, Estados Unidos se estaba convirtiendo cada vez más en un país urbano, comercial e industrial. La novela está ambientada en Wall Street, que se estaba transformando en el principal centro financiero y de negocios del país.

El contexto histórico muestra que el comportamiento de Bartleby no es solo un misterio personal, también refleja las ansiedades de la sociedad estadounidense del siglo XIX: el crecimiento del capitalismo, los lugares de trabajo impersonales, la soledad urbana y la incapacidad de la sociedad para cuidar a las personas que no se ajustan a sus expectativas.

Las empresas valoraban cada vez más las ganancias, la competencia y la productividad y la negativa de Bartleby a trabajar desafió estas creencias, basadas en la premisa de que el valor de una persona depende de su utilidad económica. Bartleby, rodeado de gente, se siente emocional y socialmente solo en medio de la creciente urbanización de Nueva York.

Los empleadores ejercían poder sobre los empleados, de quienes se esperaba que obedecieran las instrucciones y mantuvieran un comportamiento respetable. La cortés negativa de Bartleby perturba esta relación empleador-empleado. Representa una versión más oscura del individualismo estadounidense del siglo XIX, que ensalzaba la independencia y la autosuficiencia. Su extrema independencia le lleva al aislamiento y a apartarle de la sociedad.

Literario

El Renacimiento literario estadounidense se desarrolló principalmente entre la década de 1830 y la Guerra Civil (1864-1865), mientras que la literatura europea del mismo período incluyó el Romanticismo español (Espronceda, Larra, Zorrilla y Bécquer), la literatura victoriana (Dickens, the Bröntes, Thackeray, Trollope, Eliot, Carroll), el Realismo francés (Balzac, Flaubert, Zola) y la novela gótica europea (Hugo, Balzac, Collins). Los escritores estadounidenses recibieron la influencia de Europa, pero adaptaron las ideas europeas a la historia particular de Estados Unidos, con sus cuestiones de libertad, identidad, capitalismo, esclavitud y conformidad social.

La literatura europea contemporánea se centraba a menudo en la industrialización, la pobreza y la desigualdad de clases (Dickens, Balzac, Zola), las relaciones familiares (las hermanas Brontë, Eliot) y la reforma social (Hardy, Dostoievski, Tolstói, Wollstonecraft). Los escritores del Renacimiento estadounidense también criticaron la sociedad, pero lo hicieron frecuentemente a través del simbolismo, el misterio, el conflicto psicológico y personajes ambiguos, en lugar de mediante un panorama social totalmente realista.

Esta diferencia se hace evidente en Bartleby, el escribiente de Melville. La historia se asemeja a las ficciones sociales europeas porque examina el trabajo, la clase social y la sociedad urbana. Sin embargo, es claramente estadounidense por su enfoque en un individuo aislado que se niega a conformarse. Bartleby no se explica a través de un marco social europeo tradicional, como sus antecedentes familiares o su historia de clase. En cambio, se convierte en un misterioso símbolo de resistencia y alienación individual.

Entre otros importantes escritores de la época se encontraban Emerson, Thoreau, Poe y Whitman. Bartleby refleja el Renacimiento literario estadounidense a través de su énfasis en el individualismo, la inconformidad, el misterio, la incertidumbre moral y la crítica de las instituciones sociales, combinando diversas tradiciones literarias:

Su realismo radica en la representación de un lugar de trabajo común, empleados reconocibles, documentos legales y el mundo empresarial de Nueva York. La detallada ambientación de la oficina hace que el extraño comportamiento de Bartleby resulte aún más inquietante, precisamente porque se desarrolla en este entorno realista.

La oficina oscura, las paredes blancas, las pantallas, el confinamiento, la muerte y el misterioso protagonista crean una sensación de inquietud psicológica similar a la de los relatos góticos de Poe. Sin embargo, a diferencia de la ficción gótica europea, la amenaza no es un monstruo sobrenatural, sino la soledad, la burocracia y la ciudad moderna.

Al igual que gran parte de la literatura romántica estadounidense, la historia se centra en un individuo singular que desafía a la sociedad. Bartleby puede interpretarse simbólicamente como una figura de alienación, resistencia, sufrimiento espiritual o el fracaso de la comunicación humana. La historia también conecta con el interés general de Melville por los personajes que se resisten a los sistemas sociales, como se observa en Moby Dick y Benito Cereno. Sin embargo, en lugar de situar a su personaje en alta mar, Melville ubica a Bartleby en una oficina moderna. Esto convierte a la historia en un ejemplo temprano de ficción sobre la burocracia, el trabajo alienante y los efectos psicológicos de la vida urbana moderna.

Filosófico

El Renacimiento literario estadounidense se caracterizó por la búsqueda optimista del individualismo, la trascendencia espiritual y la bondad inherente de la naturaleza, promovidas por Emerson y Thoreau. Sin embargo, Melville utilizó a Bartleby para explorar el lado oscuro de estos ideales.

Ralph Waldo Emerson defendió la autosuficiencia, instando al individuo a confiar en su voz interior y resistir las presiones del conformismo. Para Emerson, quien se aparta de la sociedad lo hace para encontrar una verdad superior y divina. Bartleby es, en cierto sentido, el arquetipo del hombre autosuficiente. Resiste el conformismo con mayor firmeza que nadie en la historia. Sin embargo, Melville transforma el optimismo de Emerson en una tragedia. La autosuficiencia de Bartleby no le conduce a un plano espiritual superior ni a una nueva verdad; lo lleva al vacío. Su "preferencia" no es una afirmación de una voluntad superior, sino una negación de toda voluntad. Melville plantea la pregunta: ¿Qué sucede cuando el impulso emersoniano por la individualidad se despoja de esperanza y propósito?

La filosofía de la "desobediencia civil" de Henry David Thoreau abogaba por que el individuo retirara su apoyo a un gobierno o sociedad injustos como un acto moral. El retiro de Thoreau era una herramienta estratégica y política destinada a impulsar el cambio y preservar la integridad personal. Bartleby practica una forma de retiro mucho más radical y nihilista. A diferencia de Thoreau, Bartleby no se retira para vivir de forma más sencilla en el bosque ni para protestar contra una ley específica, sino que se retira del propio acto de vivir e interactuar. Mientras que la resistencia de Thoreau es un acto de afirmación (afirmación de una ley superior), la de Bartleby es un acto de evacuación. No ofrece una mejor forma de vivir, simplemente demuestra la imposibilidad de vivir dentro del sistema existente.

Mediados del siglo XIX fue el apogeo de la Revolución Industrial y el auge del utilitarismo, la filosofía que sostiene que la mejor acción es aquella que maximiza la utilidad o productividad general. Wall Street, donde se desarrolla la historia, es el templo de esta filosofía. El abogado es un hombre que valora la eficiencia, la previsibilidad y el buen funcionamiento de su negocio. A ojos de un utilitarista, Bartleby es una herramienta defectuosa porque ya no produce copias. Al presentar la negativa de Bartleby como una "preferencia" en lugar de un fallo, Melville sugiere que el espíritu humano no puede ser comprendido completamente por la lógica utilitarista. Bartleby es una anomalía en la maquinaria del progreso estadounidense, lo que demuestra que existe una parte de la experiencia humana que es fundamentalmente improductiva y, por lo tanto, "absurda" para la mentalidad capitalista.

Un principio fundamental de la filosofía del Renacimiento literario estadounidense era la creencia de que la naturaleza es un reflejo de lo divino y una fuente de sanación. En Bartleby , la naturaleza está ausente. Los personajes están rodeados de muros, biombos y edificios grises. El «muro» es la antítesis del «Alma Suprema» emersoniana o del bosque thoreauviano. Al eliminar la naturaleza del escenario, Melville sugiere que el afán estadounidense por el orden comercial y legal ha creado un páramo espiritual. Bartleby es el producto inevitable de un entorno donde la conexión divina con la naturaleza ha sido reemplazada por la reproducción estéril de documentos legales.

Si el Renacimiento literario estadounidense se centró en la expansión del yo, en la idea de que el individuo podía expandirse hacia afuera para fundirse con el universo, Bartleby se centra en la contracción del yo. Es una figura de agotamiento espiritual que representa el límite del individualismo. A través de Bartleby, Melville advierte que la búsqueda de la autonomía total, cuando se desconecta de la comunidad y la naturaleza, no conduce a la liberación, sino a un aislamiento absoluto y silencioso.

La evolución del pensamiento de Melville en sus escritos

La trayectoria intelectual de Herman Melville puede rastrearse como un movimiento desde el optimismo romántico y la aventura hacia un profundo escepticismo y una confrontación existencialista con el "silencio" del universo, como un Camus posterior describiría la condición humana.

En sus primeras obras, como Typee (1846) y Omoo (1847), Melville se centró en el conflicto entre la «civilización» y lo «primitivo». Su pensamiento en esta época se caracterizó por una curiosidad romántica y una crítica al imperialismo occidental. Consideraba a los pueblos indígenas de los Mares del Sur más auténticos y moralmente honestos que las sociedades estructuradas de Europa y América. Sin embargo, incluso en estas primeras narrativas, se aprecia una tensión respecto a la fiabilidad de la percepción y la dificultad de conocer verdaderamente a otra persona o cultura.

Esta curiosidad se transformó en una investigación más profunda y sistemática sobre el poder y la moralidad en Moby Dick (1851). En esta obra, Melville pasó de observar culturas a cuestionar la naturaleza misma de la existencia. Su pensamiento evolucionó hacia la conceptualización de la «blancura de la ballena», que representa un vacío aterrador sobre el cual los humanos proyectan sus propios significados. Esta evolución supone una transición de la crítica social a la desesperación. Comenzó a lidiar con la idea de que el universo pudiera ser indiferente, o incluso hostil, al deseo y la razón humanos. La búsqueda de Ahab no se limita a una ballena, sino que representa una rebelión contra una injusticia cósmica percibida o un Dios silencioso.

Tras el fracaso comercial y el rechazo de la crítica a Moby Dick y la experimental Pierre (1852), la obra de Melville entró en una fase de introspección y austeridad. En trabajos como Bartleby, el escribiente (1853), exploró el tema de la resistencia pasiva y el anonimato aplastante de la vida urbana moderna, pasando de la escala cósmica del océano a la claustrofóbica de una oficina de Wall Street. En El estafador (1857), desmanteló aún más la idea misma de confianza e identidad, sugiriendo que la interacción humana suele ser una serie de máscaras y engaños.

Su poesía posterior y los relatos de sus últimas décadas muestran una transición hacia una aceptación estoica. Se alejó de los grandilocuentes gestos de desafío, al estilo de Ahab, y se encaminó hacia una resistencia serena y disciplinada ante la condición humana. 

La evolución de Melville es un viaje desde la exploración externa del mundo físico hasta la exploración interna del aislamiento del alma. Comenzó buscando la verdad en tierras lejanas, luego la buscó en las profundidades del océano y, finalmente, la encontró en la aceptación de los límites del conocimiento humano.

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Resumen

La historia, ambientada en un bufete de abogados de Wall Street a mediados del siglo XIX, comienza con el narrador anónimo en primera persona, El Abogado, quien afirma que le gustaría centrar su relato en un grupo de personas aún no exploradas en la literatura: los copistas legales, de los cuales ha conocido a muchos. Pero, en lugar de centrarse en un grupo de ellos, contará la historia del más peculiar que ha conocido: Bartleby.

Tras explicar que su oficina está ocupada por él mismo, otros dos empleados escribientes (Turkey, que es un borracho y, por lo tanto, solo es útil antes de empezar a beber a la hora del almuerzo), Nippers, que tiene algún tipo de hábito que hace que solo sea productivo durante las horas de la tarde), y Ginger Nut, un chico de doce años que trabaja como recadero, el abogado dice que ha publicado un anuncio para contratar a un nuevo empleado. Bartleby acude a la entrevista y el abogado le contrata.

Aunque al principio Bartleby demuestra ser un excelente empleado, produciendo textos de gran calidad para su jefe, sus hábitos de trabajo son rígidos y peculiares. Cuando su jefe le pide que revise un documento con él en busca de errores, Bartleby responde que "preferiría no hacerlo". Al principio, el abogado cree haber entendido mal a su empleado, pero cuando repite lo que dijo y Bartleby vuelve a negarse a ayudar, surge un patrón que el abogado debe tener en cuenta. Considera despedir a Bartleby, pero decide intentar razonar con él, explicándole que es de buena educación en este sector revisar los textos en grupo para detectar errores. Bartleby escucha, pero vuelve a repetir que "preferiría no" ayudar. Tras considerar despedir a Bartleby una vez más, el abogado decide no hacerlo, ya que se ocupa de otros asuntos y decide que Bartleby es útil por lo que sí aporta: grandes cantidades de textos. De hecho, el abogado justifica que mantener a Bartleby en el puesto le cuesta poco o nada, pero le hace sentir caritativo y alivia su conciencia cristiana.

Un domingo por la mañana, el abogado, de camino a la iglesia, decide pasar por la oficina. Allí encuentra la puerta cerrada con llave, y al abrirla, ve a Bartleby al otro lado. Bartleby le dice que necesita unos momentos a solas, y después de que el abogado da una vuelta a la manzana y regresa a la oficina, se encuentra solo. Con Bartleby fuera, el abogado husmea en su escritorio, encuentra algunas pertenencias y deduce que Bartleby debe estar viviendo en la oficina por las noches y los fines de semana. Al principio, el abogado piensa en la pobreza y la soledad de Bartleby, sintiendo una gran lástima por él, pero pronto esa lástima se transforma en ira y repulsión, pues el abogado cree que Bartleby padece una enfermedad mental incurable. Decide averiguar más sobre la vida personal de Bartleby, encontrar a algún familiar que lo cuide y despedirlo cuanto antes con una generosa indemnización.

Al día siguiente, el abogado llama a Bartleby a su despacho. Le hace muchas preguntas sobre su familia y su historia personal, pero Bartleby prefiere no responder a ninguna. Cuando le pide que sea un poco más razonable, Bartleby responde que tampoco quiere hacerlo.

Un día después, Bartleby deja de trabajar por completo. Se pasa los días mirando la pared, y el abogado decide que es hora de deshacerse de él. Al final de la semana, le da una bonificación de 20 dólares (una cantidad generosa para la época), le desea lo mejor y le dice que deje la llave al marcharse. El abogado está satisfecho con cómo ha gestionado el despido, pero para su disgusto, Bartleby sigue en la oficina cuando regresa el lunes, y su bonificación de 20 dólares permanece intacta sobre su escritorio. Cuando el abogado le pregunta a Bartleby esa mañana por qué se ha quedado, este simplemente responde que prefiere no irse. El abogado sabe que solo tiene dos opciones: llamar a la policía y que lo despidan, o simplemente mantenerlo como empleado. En lo que él considera un gesto caritativo, el abogado decide optar por lo segundo y mantiene a Bartleby en su oficina como un empleado sin valor.

Eso fue así hasta que otros abogados comenzaron a comentar la peculiar presencia de Bartleby en el despacho del abogado. Al darse cuenta de que estos rumores podrían perjudicar su negocio, el abogado decidió mudarse de oficina y dejar a Bartleby para que los próximos inquilinos o el propietario se encargaran del asunto. Sin embargo, el propietario pronto localizó al abogado y le advirtió que, si no intervenía, llamaría a la policía y se llevarían a Bartleby por la fuerza.

El abogado regresa a su antigua oficina, habla con Bartleby, pero a pesar de muchas ofertas caritativas, incluyendo un nuevo trabajo e incluso la posibilidad de alojarse en su casa, Bartleby las rechaza todas y el abogado se marcha enfadado.

Tiempo después, el abogado se entera de que Bartleby ha sido llevado a prisión. Compadecido, le visita y le paga a otro recluso para que le proporcione comida de buena calidad. Sin embargo, Bartleby rechaza el gesto, se niega a comer y prefiere quedarse tirado en el suelo de la prisión, consumiéndose lentamente.

El abogado interrumpe su narración de la historia de Bartleby en este punto, diciendo que el lector puede imaginar cómo termina para él. En cambio, el abogado concluye el relato con una información que ha oído por rumores: que antes de trabajar en la oficina del escribano, Bartleby trabajó durante varios años en la Oficina de Cartas Perdidas, quemando cartas extraviadas.

Temas

Metáfora de la comida

La pérdida de apetito de Bartleby y su semblante más cadavérico ofrecen valiosas pistas para comprender su carácter. A Bartleby no le gustan los cambios. «Prefiero no cambiar nada», dice, y poco después afirma: «Me gusta quedarme quieto (stationary)». De hecho, prefiere no ir muy lejos, trabajando, comiendo y durmiendo siempre en el mismo sitio. Se niega a salir de su mundo privado y mostrar públicamente aspectos de su vida. Copia documentos, pero se niega a compararlos, pues eso implicaría trabajar con alguien, y su objetivo es mantenerse autónomo e independiente. Este comportamiento neurótico se ve acentuado por las características anoréxicas de Bartleby.

Cuando Bartleby llega por primera vez a la oficina, parece estar rompiendo una especie de ayuno: al principio, escribió una cantidad extraordinaria de documentos. Como si llevara mucho tiempo necesitando algo que copiar, parecía atiborrarse de ellos. No había pausa para la digestión. Se nutre de papeleo hasta tal punto que se identifica con las copias de los documentos, y podríamos considerar la ambigüedad de la afirmación: "Me gusta estar en un lugar fijo" (= stationary, juego de palabras con stationery = papeleria). Bartleby es y no es lo que come. Se alimenta de documentos y por ende es "quieto" (stationery y stationary).

No sorprende que el narrador observe que «nunca salía a cenar». Bartleby sobrevive a base de puñados de galletas de jengibre (ginger nuts: el nombre del niño de la oficina que compra las galletas). Bartelby las consume solo. Las galletas especiadas no tienen efecto alguno sobre la naturaleza apacible y la pasividad de Bartleby. El contraste entre la abnegación de Bartleby y el epicureísmo de los demás personajes, cuyo comportamiento está influenciado por lo que comen y beben, se hace explícito. El juego de palabras stationery/stationary, la repetición verbal (galleta de jengibre/Ginger nut) y las referencias a alimentos que no se pueden comer (Turkey = pavo) crean una especie de indigestión lingüística en este punto de la historia, que empeora cuando Bartleby repite su negativa: «Preferiría no hacerlo». La frase, podríamos decir, se regurgita en el texto, y esto evoca la imposibilidad de digestión y saciedad para Bartleby. Se niega, en efecto, a ser alimentado, excepto en la medida en que se alimenta de sí mismo.

Encerrado en prisión, Bartleby se niega a comer: «Prefiero no cenar hoy», dijo, dándose la vuelta. «Me sentaría mal; no estoy acostumbrado a las cenas». Dicho esto, se movió lentamente hacia el otro lado del recinto y se colocó frente al muro inerte. Se niega cortésmente a comer, y así simplemente a vivir. Acostado, como un feto, se identifica con el objeto contra el que descansa su cabeza: el muro de la prisión.

Libre albedrío y autonomía personal

La reiterada afirmación de Bartleby, «Preferiría no hacerlo», desafía la autoridad de su empleador. No se rebela ni discute abiertamente, se niega en silencio. Su lenguaje mantiene la apariencia de libertad de elección, al tiempo que socava las expectativas del entorno laboral. Esto plantea una cuestión filosófica: ¿Es la libertad simplemente la capacidad de elegir, o también requiere la capacidad de rechazar los roles que la sociedad nos asigna?

Alienación existencial

Bartleby parece cada vez más desconectado del trabajo, de los demás y, finalmente, de la vida misma. Su aislamiento refleja la idea existencial de que los individuos pueden encontrarse atrapados en un mundo que parece carecer de sentido o ser indiferente.

El bufete de abogados representa una sociedad mecanicista en la que las personas son valoradas principalmente por su productividad. La retirada de Bartleby deja al descubierto el vacío que subyace a ese sistema. Su negativa puede interpretarse como un intento de escapar de una vida que ya no puede aceptar, así como una crítica a las normas sociales contemporáneas.

La actividad principal de la oficina es copiar documentos legales, un trabajo repetitivo que no genera pensamiento original. Los escribanos reproducen palabras mecánicamente, lo que sugiere que el trabajo moderno puede alejar a las personas de la creatividad, el propósito y la individualidad.

La resistencia de Bartleby obliga al abogado y al lector a preguntarse si el trabajo tiene algún significado intrínseco o si su valor viene impuesto por convenciones económicas y sociales. Su negativa final a trabajar revela la fragilidad de una sociedad organizada en torno a la productividad.

El relato pone de relieve la profunda soledad de la experiencia urbana e industrial. Bartleby está aislado física y emocionalmente, separado de sus compañeros de trabajo por una pantalla y de la sociedad por su estado interior. Su alienación se refleja en el entorno de Wall Street, un lugar definido por el comercio, las fronteras rígidas y las relaciones transaccionales. Incluso el narrador, aunque siente cierta lástima por Bartleby, se mantiene distante de él, intentando comprenderlo a través de la lógica y la caridad en lugar de una verdadera conexión humana.

Resistencia pasiva

El tema central del ensayo es la naturaleza de la resistencia, específicamente el paso de la rebelión activa a la negativa pasiva. Bartleby no se enfrenta a su empleador ni defiende su postura, emplea una estrategia de desobediencia mediante su frase recurrente: «Prefiero no hacerlo». Esta preferencia no es una negativa por incapacidad ni un «no» directo, sino un silencioso distanciamiento de las expectativas de su entorno. Al negarse a participar en las exigencias mecánicas de su trabajo, Bartleby afirma una forma de autonomía que, paradójicamente, se expresa a través de la inacción.



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