La Ilustración Europa Norte, Siglo XVIII

Los filósofos nórdicos del siglo 17 tuvieron que enfrentarse a una concepción más i más física del entorno. La ciencia empírica estaba remplazando la fe en la comprensión de la naturaleza. Los filósofos volvieron a una pregunta básica: ¿cómo conocemos? Es la era de la epistemología.

George Berkeley, obispo irlandés, expuso su teoría epistemológica sobre la distinción entre la materia y la percepción humana en Tratado sobre los principios del conocimiento humano (1710). Propone que la realidad consiste exclusivamente de mentes y sus ideas y que los individuos sólo podemos conocer sensaciones y ideas, no objetos directamente. Es solipsismo: sólo podemos conocer la existencia de nuestra mente, pero el conocimiento de lo que está fuera de ella es injustificable. Es una forma extrema de empirismo en la cual el conocimiento del mundo únicamente se puede obtener a través de la percepción directa.

"No existen cosas con independencia del espíritu que las percibe."

George Berkeley

Como clérigo involucraba a Dios en su teoría. Argumenta que existe un espíritu infinito (Dios) y una multitud de espíritus finitos (humanos) y que estamos en comunicación con Dios a través de nuestra experiencia. De este modo nuestra experiencia del mundo es análoga al lenguaje de Dios y la naturaleza es la gramática divina. Concluye que no hace falta postular la existencia de la materia porque toda la realidad es mental.

Comparado con el empirismo de Locke o Hume, él de Berkeley es más radical. Mantenía que sólo podemos conocer las cualidades sensibles de cuerpos y cosas. Se diferenciaba de Locke y Hume en creer que lo que experimentábamos eran ideas enviadas de Dios y no las cosas en sí. Escogió apartar el conocimiento de sí mismo y de Dios de su lema empirista "Esse est percipi." (Ser es ser percibido). Es decir que la experiencia es la fuente de todo conocimiento.

(En 1953 Karl Popper publicó un ensayo describiendo cómo 21 de las tesis de Berkeley reflejaban conceptos de la física de Mach y Einstein.)

David Hume publicó su Tratado sobre la naturaleza humana (1737) a la edad de 26 años. Argumentaba que todo el conocimiento humano puede dividirse en dos categorías: relaciones de ideas (proposiciones matemáticas y lógicas) y hechos (ejemplo: el sol aparece por el este). Las ideas vienen de nuestras impresiones o sensaciones. En contraste con los racionalistas franceses decía que incluso nuestras creencias más básicas sobre el mundo natural no se pueden establecer por la razón, sino que las aceptamos por instinto, un punto de vista claramente empírico.

Central al pensamiento de Hume es el problema de inducción: ¿cómo podemos concluir que los objetos observados se comportan igual que cuando no están observados? Propuso como solución que es el instinto natural, más que la razón, que explica nuestra habilidad para hacer conjeturas inductivas. Sin embargo, la aplicación del método inductivo en ciencias sugiere que éstas están basadas en un error lógico porque suponen que la observación de ahora se reproducirá en el futuro cuando no hay observador. Esto forzó a Hume, gran admirador del empirismo, a concluir que, aunque reconocía la falacia lógica, parece que en la práctica la ciencia funciona.

La causalidad es otro problema relacionado con la inducción. Hume concluía que la causalidad es un acto mental de asociación, no un hecho físico. Si estamos jugando al billar y dos bolas tocan, es azaroso. No hay determinación, simplemente se tocan. Sin embargo, un jugador que

empujó una de las bolas puede entender que él ha determinado la trayectoria de la bola. Él dice que ha causado la acción. En realidad, la causa está en su cerebro no en la bola. Hume criticaba la aceptación de la causalidad relacionada con lo real. Su argumento es que es el cerebro que interpreta lo que pasa como causalidad, pero que en realidad el nexo entre dos acontecimientos es casual, no causal.

" Las causas y efectos no pueden descubrirse por la razón, sino por la experiencia."

David Hume
De esta manera el determinismo sería una suposición, una construcción cerebral para intentar dar sentido al caos real. De hecho, la ley natural sería la casualidad, el azar.

Hume entró en el debate epistemológico con sus opiniones sobre la identidad personal. Argumentó que no podríamos concebir una manzana sin olor, color, forma, sabor, etc... sino dejaría de existir. Aplicó el mismo argumento a las personas y afirmaba que en sí mismo la persona no era más que un cúmulo de percepciones interconectadas. Esto contradecía el concepto cartesiano de 'Pienso entonces existo'. (La neurología moderna concuerda con la visión de Hume.)

Como Hobbes, Hume intentó reconciliar la libertad humana con la creencia determinista de la física. Propuso que la libertad requiere la necesidad. Además, para que podamos ser responsables moralmente nuestro comportamiento tiene que ser o causado o necesario.

En cuanto a religión el empirismo de Hume no podía reconciliar la idea de Dios y los datos sensoriales. Argumentó que era imposible deducir la existencia de un Dios de la existencia del mundo porque causas no pueden ser determinadas por sus efectos. Dejó abierto la posibilidad de milagros que serían eventos singulares diferentes de las leyes de la naturaleza. Añadía, con su tradicional escepticismo, que no conocía un tal evento en la historia. (La medicina moderna define un milagro de curación física como un acontecimiento todavía no explicado por la ciencia.)

Se opuso al argumento de un Dios diseñador diciendo que hay diseño en cosas sin sentido como copitas de nieve y por ende el diseño no prueba inteligencia. También preguntaba ¿quién diseñó al Diseñador?

Adam Smith publicó su primera obra Teoría de los sentimientos morales en 1759 y la revisó hasta seis veces más tarde. Fue la base de sus futuros escritos sobre filosofía, sicología y ética y dónde mencionó por primera vez 'la mano invisible' para describir los beneficios de actuar en interés propio. Explica cómo la humanidad puede formar juicios morales formales a pesar de su inclinación natural hacia el egoísmo. Concluyó que la conciencia moral nace en las relaciones sociales y propuso una teoría de 'empatía' en que el acto de observar otros hace que las personas sean más conscientes de sí mismos y de la moralidad de su comportamiento. Sugiere que los individuos tenían un interés propio en el desarrollo de esta empatía.

En su obra más famosa La riqueza de las naciones (1776) Smith argumentó que, incluso concediendo que las motivaciones humanas a menudo son egoísmo y codicia, la competitividad en el mercado libre tendría a beneficiar la sociedad en conjunto manteniendo los precios bajos y a la vez la producción. Añadió que la división del trabajo incrementaría la producción y que, aunque el mercado libre parece caótico, de hecho, está guiado por 'una mano invisible' para producir bienes en número y variedad correctos. (El liberalismo económico vigente hoy se basa en las ideas de Smith.)

Immanuel Kant empezó su epistemología con la distinción tradicional entre 'las verdades de la razón', que llamaba proposiciones analíticas (las que son verdad simplemente por virtud de su significado y sólo explican palabras) y 'las verdades de los hechos', que llamaba proposiciones sintéticas (las que reclaman explicar más allá). Añadió dos conceptos más: conocimiento a priori (él que resulta de razonar independientemente de la experiencia y típico de las proposiciones analíticas) y conocimiento a posteriori (él que resulta de la experiencia y que típicamente se aplica a las proposiciones sintéticas).

"La experiencia sin teoría es ciega, pero la teoría sin experiencia es un simple juego intelectual."

Immanuel Kant

Por una parte, el empirismo admite las proposiciones sintéticas y conocimiento a posteriori; por otra parte, el racionalismo admite las proposiciones analíticas y el conocimiento a priori. Kant mantuvo que los dos podían combinarse y que las afirmaciones sintéticas a priori eran posibles y que existían proposiciones que se aplicaban al mundo físico, pero no derivaban de él, sino que se establecían por negociación. Argumentaba que el conocimiento resultaba de una síntesis de experiencia y conceptos. Sin los sentidos no seríamos conscientes de un objeto, en cambio sin comprensión y razonamiento no podríamos formar un concepto de ello.

Quizás la contribución más original de Kant a la filosofía fue la idea que es la representación que posibilita el objeto más que el objeto que posibilite la representación. Esto introdujo el concepto de la mente humana como creador activo de experiencia, en lugar de recipiente pasivo de la percepción, y puso el papel del sujeto humano, el conocedor, al centro del estudio de cómo conocemos.

Sin embargo, Kant también puso limitaciones al conocimiento. Distinguió entre la apariencia (el mundo de los fenómenos) y la realidad (el mundo del noúmeno). Aunque nuestros sentidos nos dicen que las cosas existen fuera de nosotros la sustancia real de un objeto (la cosa en sí) queda incognoscible. Tenemos ciertas predisposiciones sobre lo que existe y sólo las cosas que encajan en éstas existen para nosotros.

En su Crítica de la Razón pura (1788), expone el argumento que mientras los objetos empíricos como libros y sillas son reales puede ser que no sean 'reales transcendentalmente'. Las sillas son reales en que son objetos que se conforman a nuestras categorías de percepción, pero no podemos asegurar que sean reales transcendentalmente porque para confirmarlo tendríamos que transcender nuestras propias limitaciones trascendentales. Concluye que podemos experimentar objetos reales, pero no podemos saber si otros objetos no empíricos existen.

En cuanto a la razón Kant argumentó que era una herramienta útil, pero debe ser controlada para no aceptar irreflexivamente cosas para los cuáles no tenemos evidencias. Lo que llama el 'método crítico' es un modelo filosófico que permite descubrir qué preguntas la razón puede responder y cuáles no. Siguiendo esta lógica anima desechar cosas que para un verdadero comportamiento moral no necesitamos como las prácticas religiosas.

Le interesaba la cuestión de cómo un Dios podía encajar en el universo esencialmente mecánico y determinista dibujado por los físicos del siglo 17. También le intrigaba la cuestión de las dudas sobre los estudios filosóficos que el escepticismo de Hume había expuesto.


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