Edad de la Razón Europa Sur, Siglo XVII

En Europa del Sud la filosofía del siglo 17 fue un tiro y afloja entre la creencia y la razón. El cambio fundamental era epistemológico con el debate general sobre cómo conocemos. Algunos respondían involucrando a Dios y otros se basaban en razonamientos humanos.

René Descartes reorientó los intereses de los filósofos medievales, ocupados con la teología, hacia reflexiones que escapaban de los confines eclesiásticos.

En su obra Meditaciones metafísicas (1641), escrito en latín, empezó por dudar de todo como método, incluido las conclusiones científicas, la existencia de la realidad y su propio cuerpo. (Argumentaba que la realidad puede ser un sueño - una idea compartida por los escritores del principio de siglo como Calderón, Cervantes y Shakespeare).

Pensaba que lo único en que podía confiar era su propia duda. Para dudar pensó que debía de existir algo que duda: él mismo. Concluye: 'Pienso entonces existo.'

El objetivo de Descartes en su Meditaciones metafísicas era argumentar la existencia de Dios. Una vez aceptada esta concluyó que el mundo exterior debía de existir. Luego estudió la existencia del alma y concluyó que la mente y el cuerpo eran entes separados pero que interactuaban en la glándula pineal en la base del cerebro. Sin embargo, no se convenció de esta respuesta y pasó el resto de su vida buscando una mejor.

Descartes revolucionó el pensamiento medieval poniéndolo en duda. No obstante, no parece haber encontrado una manera de salir del contenido religioso de aquel mundo ni de su lenguaje, el latín.

Blaise Pascal se opuso al racionalismo de Descartes y el empirismo británico como insuficiente para determinar las verdades importantes.

Fue atraído por el Jansenismo una rama del protestantismo que subrayaba el pecado original, la depravación de la humanidad y la necesidad de la gracia divina y la predestinación. Tuvo una visión religiosa mística en 1654 y su obra mayor sobre religión Lettres provinciales se publicó en los siguientes años. Ataca la casuística católica, sobre todo la de los jesuitas, que, según él, justificaba la laxidad moral usando racionamientos complejos. Luis XIV ordenó la quema del libro y el Papa Alejandro VII lo condenó.

Su escrito teológico de más influencia fue Pensées (1670), considerado como una obra maestra de la lengua francesa.

Utilizaba las filosofías contradictorias del escepticismo de Montaigne y el estoicismo para confundir el creyente intentando que se abrazara a Dios. Fue la confirmación que para sus creencias religiosas Pascal se apoyaba sobre la revelación o fe, más que la razón y el intelecto. Esto le relacionaba a tradiciones medievales de pensamiento, más que modernas.

Su argumento para la creencia en Dios, conocido como 'La Apuesta de Pascal', es: si acertamos Dios nos gratificará después de la muerte, pero si no existe no habremos perdido nada. Pascal proponía esta tesis como prueba de racionalidad.

Nicolas Malebranche inicialmente siguió el racionalismo de Descartes y se opuso a la escuela empírica británica.

Sin embargo, siendo sacerdote, quiso sintetizar el pensamiento cartesiano con el agustiniano para demostrar el papel activo de Dios en el mundo. Siguiendo Descartes, creía que los humanos conocían por medio de ideas o representaciones mentales inmateriales. Pero, como Agustín de Hipona, argumentaba también que todas las ideas sólo existían en Dios. Estas ideas son independientes de nuestras mentes finitas y cuando accedemos a ellas comprendemos la verdad objetiva.

La gran innovación de Malebranche fue su explicación de cómo ideas divinas universales podían servir también como objetos inmediatos sensoriales en la mente humana individual. Sugiere que mientras la concepción de ideas es pura y directa su percepción sensorial dependerá de cada individuo. (¿Por eso podemos tener opiniones diversas sobre el mismo objeto?)

Las ideas de Malebranche tuvieron una influencia sobre el idealismo puro de Berkeley porque hicieron el último paso hacia la negación de la existencia de la sustancia material.

Leibniz también se inspiró en su correspondencia con Malebranche para diseñar la teoría de la armonía preestablecida como alternativa a la del propio Malebranche.

Hume estaba de acuerdo con Malebranche que no puede haber relación causal entre diferentes entidades, pero intentó explicarlo analizando la mente humana en lugar de mirar arriba a Dios.

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