EDAD CONTEMPORÁNEA Europa Sud (siglo XX)


Jean-Paul Sartre adoptó y adaptó los métodos de la fenomenología, en particular la obra de Heidegger. Como él, Sartre quiso desarrollar una descripción ontológica de lo que es ser humano. Expuso sus teorías en La Transcendence de l'Ego (1936), L'Être et le néant (1943) y L'existencialisme est un humanisme (1946). También creía que nuestras ideas son productos de nuestras experiencias de la vida real y que las novelas y las obras de teatro que describen experiencias fundamentales tienen valor para las teorías filosóficas y los ensayos discursivos. Así escribió varias novelas y obras de teatro a las que siguió más tarde una escuela de literatura del absurdo.       

En el existencialismo de Sartre, la existencia humana precede a la conciencia. Los seres humanos existen en un universo concreto que no puede ser ignorado por el pensamiento. Esto es lo que determina nuestra vida es cómo actuamos.

"La esencia precede a la existencia".  Sartre.

Sartre creía que todos tenemos opciones y por lo tanto libertad. Incluso ante lo inevitable, podemos optar por no hacer nada, huir o arriesgar la vida. Esta libertad trae consigo poder, pero también responsabilidad. Estamos condenados a ser libres, según el autor, y tenemos que afrontarlo si queremos ser morales. Los individuos son responsables de lo que eligen, pero viven con una preocupación existencial constante porque son conscientes de los límites del conocimiento y de la mortalidad.

El corolario de este argumento de la libertad humana es que si Dios existe el humano no es libre y viceversa. El ateísmo es una parte integral de la filosofía de Sartre. Esto significa que en un mundo sin Dios la vida no tiene sentido más allá de las metas humanas individuales.

Por su parte, Heidegger pensó que Sartre se había apropiado de su obra para devolverla a la anterior filosofía sujeto-objeto de Descartes y Husserl. Esto es exactamente de lo que Heidegger quería liberar al pensamiento filosófico.

Maurice Merleau-Ponty  se propuso desarrollar una descripción radical de la experiencia corporal, principalmente en los estudios de percepción. Argumentó que este fenómeno no podía ser entendido por la tradición filosófica porque tendía a moverse solo entre dos alternativas defectuosas: el empirismo y el intelectualismo.

Otra dicotomía tradicional que critica Merleau-Ponty es la distinción entre sujeto y objeto. Generalmente mantenemos una distinción entre nosotros y los objetos del mundo y podemos sugerir que somos libres y ellos están determinados. También diferenció entre los hechos empíricos de nuestras acciones y las razones que trascienden esos comportamientos. Esta distinción entre objeto y conciencia es dualismo.
 

"... el que ve y el que toca no es exactamente él mismo, porque el mundo visible y el mundo tangible no son el mundo como un todo".  Merleau-Ponty

En su obra  Le Visible et l'Invisible  (1988), el autor intenta transitar de una fenomenología de la conciencia (un análisis de cómo se nos presentan los objetos que percibimos) a una filosofía del Ser: aquella que permite la posibilidad de existencia.

Merleau-Ponty utiliza la lingüística y el estructuralismo para criticar a Sartre que le dio un papel exiguo al lenguaje. Se basó en Lacan, quien sugirió que el inconsciente está estructurado como un lenguaje, en Claude Lévi-Strauss, antropólogo estructuralista, y en Saussure. Levi-Strauss creía que el trabajo de Merleau-Ponty era una síntesis de estructuralismo y fenomenología.

Claude Lévi-Strauss tomó prestado el término 'estructuralismo' de Ramón Jakobson, pero fue él mismo quien lo amplió más allá de su origen lingüístico y demostró que era una forma general de abordar la vida humana porque podía aplicarse a todos los aspectos de la cultura. Es la idea de que las prácticas simbólicas no pueden ser consideradas objetos científicos sin introducir nuevos tipos de entidades no reconocibles por la metafísica tradicional.

"El hombre sabio no es el que da las respuestas verdaderas, sino el que hace las preguntas verdaderas". Claude Lévi-Strauss

El estructuralismo alienta a los filósofos a desarrollar una nueva ontología al redefinir lo que significa ser diferente e idéntico, ser único o múltiple, ser sucesivo o presente. También obligó a reconsiderar la naturaleza del 'sentido' (ahora no objetivo sino efecto de las acciones) y
la 'subjetividad' (ya no analizada como origen sino como función).

Lévi-Strauss opone a los pensadores que imaginan la coherencia lógica a los antropólogos que se basan en hechos verificables. Afirma que sólo sabremos lo que hay que saber si se reconoce que prácticas muy alejadas del conocimiento científico, como los mitos y los rituales, son variantes de este mismo saber. Como antropólogo, definió la antropología como el tipo de conocimiento que utiliza diferentes formas de conocimiento para producir verdades particulares.

Michel Foucault  parte de la teoría epistemológica de Kant para invertirla. El filósofo alemán sostenía que la misma crítica que revelaba los límites de nuestro poder de conocer podía también revelar las condiciones necesarias para su ejercicio. Argumentó que lo que parecían ser características circunstanciales de la cognición humana (como el carácter espacial y temporal de los objetos perceptivos) son en realidad verdades necesarias. Foucault sugiere que en lugar de preguntar qué es necesario en lo aparentemente contingente, preguntemos qué es circunstancial en lo aparentemente necesario. Centra sus preguntas en las ciencias humanas modernas (biología, psicología, sociología) que pretenden ofrecer verdades científicas sobre la naturaleza pero que, de hecho, son expresiones de la política o la ética de una sociedad particular.

En su Histoire de la folie à l'age classique  (1961), un estudio del concepto de locura como
'enfermedad mental' en Europa, argumenta, no fue una mejora con respecto a nociones anteriores. Afirmó que la supuesta neutralidad de los tratamientos modernos contra la locura se usa de hecho para controlar los desafíos de la locura a la moralidad burguesa convencional. En definitiva, lo que se presenta como un descubrimiento científico es producto de un cuestionado ideario social y ético.

"La característica de conocer no es ni ver ni demostrar, sino interpretar". 
Michel Foucault

En la obra que lo hizo famoso  Les mots et les chooses  (1966), Foucault sostiene que desde Descartes hasta Kant la representación se asimilaba al pensamiento: pensar era usar ideas para representar el objeto del pensamiento, como en un mapa. Es el principio de que sabemos que nuestros pensamientos representan lo que sabemos al igual que el mapa representa el territorio. Además, podemos alterar la estructura de una idea para mejorar la representación de un objeto similar a volver a dibujar un mapa. Foucault insiste en que Kant introdujo una nueva visión al proponer que la representación misma podría tener su origen en algo más que representación.

En L' ordre des chooses  (1966) presenta los dos rasgos principales del pensamiento posterior a Kant: el retorno del lenguaje y el 'nacimiento del hombre'.

El lenguaje en el pensamiento clásico (Descartes a Kant) era un instrumento del pensamiento: una representación física de las ideas y sin sentido excepto en relación con ellas. Después de Kant, el lenguaje tiene un papel independiente y esencial. Se libera de su subordinación a las ideas y puede funcionar (como en el Renacimiento) como una realidad autónoma sin un sistema de representaciones que la vincule al mundo. Además, Foucault sugiere que el lenguaje es una verdad en sí mismo y no comunica nada más que su propio significado. (Sin embargo, en contraste con el Renacimiento, no hay una Palabra divina subyacente que dé una sola verdad a las palabras del idioma).

La noción del 'nacimiento del hombre' se explica por el hecho de que en la época clásica se suponía que los humanos recibían representaciones mentales; en cambio, para el idealismo trascendental de Kant estas percepciones son productos mentales. Foucault ejemplifica esta idea con su ejemplo de Descartes. En su famosa frase:  "Je pense donc je suis", Descartes relaciona el ser con su representación, es decir, la ontología con la percepción mental. Esto era lógico dentro de la epistemología clásica que equiparaba pensar con representar. La filosofía poskantiana, sin embargo, afirma que pensar es una actividad creativa y por tanto no podemos pasar de la representación al pensador. No podemos pasar del "pienso" al "soy" porque el contenido de nuestra realidad (lo que soy) es siempre más que el contenido de nuestro pensar porque vivir, trabajar, hablar, etc. nos lleva más allá del pensamiento.

Kant intenta unir las dos tradiciones proponiendo que la conciencia del 'yo' debe ser un objeto empírico de representación y al mismo tiempo una fuente de representaciones trascendentales. El proyecto de la filosofía moderna es probar si esto puede ser posible. Foucault cree que no es posible y repasa a los filósofos poskantianos para demostrarlo.

Según Foucault, el naturalismo y el marxismo reducen lo trascendental a lo empírico: el primero explica el conocimiento en términos de las ciencias naturales; el segundo apela a las ciencias sociales. Foucault señala que ambos ignoran los términos del problema: que la persona es empírica y trascendental al mismo tiempo.

Husserl basó el conocimiento de las verdades empíricas en el sujeto trascendental. Foucault responde que el pensamiento ya no es pura representación como en Descartes y los hechos empíricos no pueden separarse de lo que somos.

La fenomenología existencialista de Sartre y Merleau-Ponty se centra en la realidad concreta del humano-en-el-mundo. Pero Foucault cree que esta es una forma sutil de reducir lo trascendental a lo empírico.

Hegel, Nietzsche y Heidegger intentaron resolver el problema de la dualidad humana tratándolo como realidad histórica. Pero subsiste la dificultad de que lo humano tiene que ser producto de procesos históricos y al mismo tiempo origen de la historia. Si tratamos a la humanidad como un producto, su realidad se reduce a algo no humano; si insistimos en un retorno humano a los orígenes, su lugar en el mundo empírico ya no tiene sentido. Es la paradoja moderna del ser humano como origen y origen. Foucault sugiere que la búsqueda moderna de los orígenes nos proporciona un sentido más profundo del significado ontológico del tiempo. Esto es más evidente en el pensamiento de Nietzsche y Heidegger quienes rechazan la visión de Marx y Hegel del retorno al origen como redención del ser y proponen que nos lleva a un enfrentamiento con la nada de la existencia.

Jacques Derrida  fue el impulsor de la 'Deconstrucción', una crítica a la tradición filosófica occidental, en particular a la fenomenología, el existencialismo y el estructuralismo. Generalmente funciona utilizando textos específicos que intentan exponer y luego subvertir las oposiciones binarias que subyacen en nuestras principales formas de pensar: presencia/ausencia, habla/escritura...

"No hay nada fuera del texto".   jacques derrida

El aspecto filosófico del Deconstructivismo se ocupa de su primer objetivo: 'la metafísica de la presencia'. Partiendo del punto de vista heideggeriano, Derrida sostiene que la metafísica afecta a toda la filosofía desde Platón. Crear oposiciones duales e instalar una jerarquía que otorgue privilegios a uno de los términos. La estrategia deconstructiva es traer a colación estas formas de pensar y opera en dos pasos: revertir las dicotomías y tratar de corromperlas. Además, trata de demostrar que existe algo que no encaja en ninguna de las oposiciones.

Su metafísica describe el regreso a los orígenes que encontraron los metafísicos desde Platón hasta Husserl, buscando una base sobre la cual construir sus teorías. Así conciben el bien antes que el mal, lo positivo antes que lo negativo, la pureza antes que la impureza, lo simple antes que lo complejo, lo esencial antes que lo accidental, etc... Derrida advierte que en estas oposiciones siempre hay una jerarquía: una parte subordinada para el otro. La deconstrucción pretende deshacer la oposición clásica para acabar con el sistema.

Sin embargo, esta misma metodología se autodeconstruye porque ya no parte de la posibilidad de que el observador sea externo al objeto examinado.

Más información...

Jean-Paul Sartre (1905 - 1980)
Claude Lévi-Strauss (1908 - 2009)
Paul-Michel Foucault (1926 - 1984)
Jacques Derrida (1930 - 2004)

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